Generaciones poco curiosas?
Esta semana tuve la gran oportunidad de asistir a un congreso de cinco días en la Universidad Paris Diderot, llamado “Observation et pensée” – Observación y pensamiento. Este congreso era completamente gratis para todos los estudiantes de Paris, además para profesores, investigadores y demás personas interesadas en los diversos temas a tratar. Adicionalmente, los organizadores proponían una visita guiada por un experto en historia del arte al museo del Louvre y otra al observatorio de Meudon (situado a 10 minutos de Paris, en tren). La asistencia a estas conferencias era muy flexible, y gracias a una programación muy precisa y ordenada, era posible escoger las conferencias que mas nos llamaran la atención, o bien asistir a todas. Los temas eran variados: Psicoanálisis, sociología y antropología, física, matemáticas, historia y estrategia militar; es decir, todas las disciplinas (ciencias naturales y humanas) tenían lugar en este congreso.
Lo increíble de la historia es que si había cien personas en este congreso, el promedio de jóvenes presentes a lo largo de las
diferentes conferencias y mesas redondas era aproximadamente de 4 o 5. Más sorprendente aún era que aproximadamente un 90% de los asistentes superaba los 50 o 60 años! Qué quiere decir esto? Pues bien, no lo sé porque no soy ni psicóloga, ni socióloga, ni antropóloga… pero a mi modo de ver las cosas, los jóvenes de ahora, han perdido el entusiasmo, la curiosidad, las ganas de ver y de saber el por qué de las cosas. Será que en esta era de la tecnología, los video juegos, los mensajes de texto y el Facebook, ya no es importante pensar en la astronomía, la filosofía y la historia? Será que todo esto, visto con los ojos de un adolescente es perder el tiempo? O tal vez el problema es que necesitan aprender todas estas cosas de una manera más tecnológica y dinámica, algo que atrape su atención?
Ayer por la tarde, en el observatorio de Meudon, mientras nos explicaban el funcionamiento de un gran lente para observar la superficie solar, miraba a esos viejos llenos de vida y entusiasmo, ávidos de conocimiento y no podía evitar pensar en mis estudiantes. Aunque siempre hay excepciones, ya quisiera yo tener alumnos tan aplicados y tan curiosos como mis compañeros del observatorio: haciendo preguntas, tocando, mirando, disfrutando cada experiencia nueva, sin siquiera pensar en el por qué o para qué saber esto o aquello, simplemente por el placer intelectual de aprender.
Qué tenemos que hacer nosotros para lograr esta misma curiosidad en los jóvenes? Acaso no necesitamos formar a los futuros científicos, pensadores y en general, a los futuros líderes del mundo? Entonces debemos cambiar algo en nuestras aulas, en nuestros hogares, para que las nuevas generaciones, sigan reinventando el mundo, sigan soñando con grandes ideales, sigan haciendo nuevos descubrimientos y formulando nuevas teorías. Pero antes que nada la tarea es nuestra: padres, formadores, instituciones y gobiernos deben ser conscientes de la importancia de formar seres humanos íntegros en todo el sentido de la palabra para garantizar así un mañana mejor, uno del que todos tanto hablamos pero poco hacemos por encontrar.



